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IA con ROI: cómo pasar de pilotos aislados a impacto real en el negocio

La inteligencia artificial ya no se evalúa por su capacidad de sorprender, sino por su capacidad de generar impacto medible en costos, productividad, ingresos o experiencia de cliente.

Durante los últimos años, muchas empresas han avanzado rápidamente en pruebas de inteligencia artificial. Chatbots internos, asistentes documentales, modelos predictivos, automatizaciones y pruebas de concepto se multiplicaron en áreas de tecnología, innovación y negocio. Sin embargo, la pregunta relevante ya no es si una empresa está experimentando con IA. La pregunta es si esa experimentación está generando impacto real.

La evidencia muestra una brecha clara entre adopción y captura de valor. McKinsey reporta que cerca del 80% de las compañías declara usar IA generativa en al menos una función, pero solo alrededor del 40% reporta impacto a nivel EBIT, y en la mayoría de los casos ese impacto es inferior al 5%. Las empresas que sí logran mayor impacto tienden a rediseñar workflows, escalar más rápido e invertir de manera más decidida en IA transformacional.

Esto confirma una hipótesis clave: el valor de la IA no está en el modelo por sí solo, sino en su integración con procesos reales. Una solución de IA genera ROI cuando reduce tiempos, mejora decisiones, disminuye errores, aumenta conversión, acelera atención o libera capacidad operativa. Si no toca una métrica relevante del negocio, probablemente seguirá siendo un piloto interesante, pero no una transformación.

Gartner advierte que al menos 50% de los proyectos de IA generativa fueron abandonados después del proof of concept por mala calidad de datos, controles de riesgo insuficientes, costos crecientes o falta de claridad en el valor de negocio. Esto no significa que la IA no funcione; significa que muchas organizaciones están partiendo desde la tecnología, y no desde el problema.

Para capturar valor, las empresas deberían abordar la IA como una agenda de negocio. Primero, identificar procesos críticos con fricción, volumen o impacto económico. Segundo, priorizar casos según valor esperado y factibilidad técnica. Tercero, asegurar datos, integraciones y gobierno. Cuarto, diseñar una solución que se inserte en el flujo operacional. Finalmente, medir resultados desde el inicio.

En DSAC, entendemos que una iniciativa de IA no debe partir con la pregunta “qué modelo podemos usar”, sino con una pregunta más simple y más potente: qué problema de negocio queremos resolver.
La IA genera valor cuando deja de ser una prueba aislada y se convierte en una capacidad integrada a la operación, con métricas, responsables y resultados medibles.

Créditos

Francisco Vasallo

Francisco Vasallo

Gerente de Productos